La profesora nos estuvo explicando las etapas del dibujo infantil a lo largo de dos sesiones. Pudimos ver la evolución en los trazos de los niños y cómo poco a poco va aumentando la complejidad de sus composiciones.
Lo que más me llamó la atención fue la identificación con el nombre. Siempre pensé que los niños escribían el nombre para que la maestra supiese de quién era el dibujo, igual que podemos hacer nosotros en un examen o en un trabajo. Sin embargo, la profesora nos explicó que los niños dibujan muchas veces aquello que conocen y con lo que sienten mayor afinidad y que, obviamente, aquello con lo que más se identifica cualquier individuo y que siente más cercano es su propio nombre.
Buscando información sobre este tema he encontrado la siguiente información.
El dibujo es, casi siempre, la primera gran obra de los niños. Representa su primer gran tesoro expresivo ya que, a través de los dibujos los niños dicen muchas cosas de sí mismos. Puede ser que esta sea la razón por la cual muchos padres estén cada día más interesados por los dibujos que hacen sus hijos. El dibujo se puede convertir, en algunos casos, en el termómetro del estado de ánimo del niño, ya que traduce lo que el niño siente, piensa, desea, o lo que a él le inquieta, le hace alegre o triste.
Cada niño es un mundo y eso se ve en sus dibujos. Si pides a un grupo de niños que dibuje a una casita en el campo, todos los dibujos saldrán distintos. Pueden parecerse en algo, pero jamás serán iguales.
También hemos de considerar las diferentes etapas del dibujo infantil son:
Para que el hecho de ensuciar o ensuciarse no sea un obstáculo a la hora de expresarse por medio del dibujo es conveniente acondicionar la mesa con papel de diario o un plástico protector y tener a mano una camisa vieja para dejar al niño que explore distintos materiales sin miedo a arruinar su ropa nueva.
En el caso de que se observe en los niños una inclinación natural hacia el dibujo, sería conveniente que tuviera la oportunidad de tomar clases en algún taller donde se estimulara la creatividad.
El dibujo, como bien se ha señalado ya, es la expresión de lo que el niño siente. Por tanto, nos puede ayudar a entender los estados de ánimo de éste.
Es muy cierta la expresión “una imagen vale más que mil palabras”, sobre todo cuando se trata de niños, ya que ellos no saben muchas veces expresar verbalmente sus problemas o preocupaciones. Por ello, en muchas ocasiones los problemas infantiles pueden ser mejor identificados a través de los dibujos. De ahí que esta técnica sea utilizada en muchas terapias psicológicas. Pero, por supuesto, hay que tener en cuenta que para ello hay que estar especializado en el tema, ya que muchos de los dibujos de los niños pueden ser fruto de su imaginación o bien estar copiados de películas, libros…
Según expertos en la materia a la hora de interpretar un dibujo debemos tener en cuenta muchos factores, como son el contexto del dibujante, la situación familiar, social…, su historia personal… Y por supuesto debemos tener presente que un dibujo puede aclararnos muchas cosas, pero no nos va a dar la solución total y completa de un problema. No nos lo va a definir todo, pero nos servirá de orientación.
Lo que más me llamó la atención fue la identificación con el nombre. Siempre pensé que los niños escribían el nombre para que la maestra supiese de quién era el dibujo, igual que podemos hacer nosotros en un examen o en un trabajo. Sin embargo, la profesora nos explicó que los niños dibujan muchas veces aquello que conocen y con lo que sienten mayor afinidad y que, obviamente, aquello con lo que más se identifica cualquier individuo y que siente más cercano es su propio nombre.
Buscando información sobre este tema he encontrado la siguiente información.
El dibujo es, casi siempre, la primera gran obra de los niños. Representa su primer gran tesoro expresivo ya que, a través de los dibujos los niños dicen muchas cosas de sí mismos. Puede ser que esta sea la razón por la cual muchos padres estén cada día más interesados por los dibujos que hacen sus hijos. El dibujo se puede convertir, en algunos casos, en el termómetro del estado de ánimo del niño, ya que traduce lo que el niño siente, piensa, desea, o lo que a él le inquieta, le hace alegre o triste.
Cada niño es un mundo y eso se ve en sus dibujos. Si pides a un grupo de niños que dibuje a una casita en el campo, todos los dibujos saldrán distintos. Pueden parecerse en algo, pero jamás serán iguales.
También hemos de considerar las diferentes etapas del dibujo infantil son:
- La etapa del garabateo. Desde que agarran por primera vez un lápiz –alrededor de los 2 años– hasta los 4 años, aproximadamente, los niños atraviesan tres momentos diferentes. Primero dibujan garabatos desordenados, una especie de rayones en la hoja sobre el que no tienen más control que el que les permite empezar y terminar, y que por eso mismo muchas veces sigue en la mesa sobre la que está apoyado el papel. Más tarde logran controlar un poco más los movimientos y pueden detenerse para llevar el trazo hacia donde desean durante la realización de sus garabatos. Por último, el garabato con nombre aparece cuando el niño comienza a atribuirle un significado a lo que dibujó y entonces dice que hizo “un perro”, “un auto” o “a mamá”, a pesar de que nada de esto sea reconocible en el dibujo.
- La etapa preesquemática. Se da aproximadamente entre los 4 y los 7 años y se caracteriza por la búsqueda consciente de una forma en el momento de dibujar. Es durante esta etapa cuando se produce el momento mágico en el que mamá o papá van a reconocer en los trazos del niño el objeto que él dice haber representado. Lo más común es que este primer dibujo sea el de la figura humana, que inicialmente suele representarse con un círculo y dos líneas que salen verticalmente de él y que el niño nombra como “las piernas”, “los brazos” o “las manos”. Estos “cabeza-pies” o “renacuajos” aparecen entre los 4 y los 5 años y se van complejizando con el agregado de otras dos líneas a modo de brazos, con un redondel entre las piernas a modo de abdomen y, más tarde, el cuerpo.
- La etapa esquemática. Va de los 7 a los 9 años y las formas se hacen mucho más definidas. Ya a los 7 años es esperable que logren representar la figura humana con detalles claramente identificables por un adulto, sin embargo la representación de la figura humana es muy personal y puede considerarse como un reflejo del desarrollo del individuo. En esta etapa el niño puede considerar las relaciones entre los objetos y ya no trabaja sólo con dibujos de objetos aislados unos de otros: esto se evidencia con la aparición de la línea que representa el suelo y que proporciona una base al resto de los dibujos. Más tarde aparecerá “el cielo”. Es común en esta etapa que dibujen con transparencias y, como si estuvieran sacando una radiografía, los muebles de una casa pueden verse a través de la pared.
- La etapa del realismo. Entre los 9 y los 12 años los chicos buscan que sus dibujos sean más fieles a la realidad y grafican objetos, paisajes y también sensaciones, buscando ya la tercera dimensión y tomando en cuenta la superposición. Muchas veces la atención a los detalles del dibujo va en detrimento de la acción y las representaciones resultan estáticas. La línea de base va desapareciendo porque se empieza a concebir al suelo como un plano y lo que era la línea de cielo pasa gradualmente a ser la línea de horizonte.
- La etapa del pseudo-naturalismo. Alrededor de los 13 años el dibujo ya tiene una perspectiva espacial y la figura humana se ha complejizado incluyendo rasgos sexuales. El producto final es mucho más valorado que antes. El desarrollo artístico del dibujo continuará en la medida en que el niño esté interesado en él.
Para que el hecho de ensuciar o ensuciarse no sea un obstáculo a la hora de expresarse por medio del dibujo es conveniente acondicionar la mesa con papel de diario o un plástico protector y tener a mano una camisa vieja para dejar al niño que explore distintos materiales sin miedo a arruinar su ropa nueva.
En el caso de que se observe en los niños una inclinación natural hacia el dibujo, sería conveniente que tuviera la oportunidad de tomar clases en algún taller donde se estimulara la creatividad.
El dibujo, como bien se ha señalado ya, es la expresión de lo que el niño siente. Por tanto, nos puede ayudar a entender los estados de ánimo de éste.
Es muy cierta la expresión “una imagen vale más que mil palabras”, sobre todo cuando se trata de niños, ya que ellos no saben muchas veces expresar verbalmente sus problemas o preocupaciones. Por ello, en muchas ocasiones los problemas infantiles pueden ser mejor identificados a través de los dibujos. De ahí que esta técnica sea utilizada en muchas terapias psicológicas. Pero, por supuesto, hay que tener en cuenta que para ello hay que estar especializado en el tema, ya que muchos de los dibujos de los niños pueden ser fruto de su imaginación o bien estar copiados de películas, libros…
Según expertos en la materia a la hora de interpretar un dibujo debemos tener en cuenta muchos factores, como son el contexto del dibujante, la situación familiar, social…, su historia personal… Y por supuesto debemos tener presente que un dibujo puede aclararnos muchas cosas, pero no nos va a dar la solución total y completa de un problema. No nos lo va a definir todo, pero nos servirá de orientación.


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