miércoles, 30 de diciembre de 2009

"SILENCIO EN LA SALA..."

Siempre se ha considerado que el silencio es un elemento primordial a la hora de dar una clase. Cierto es que para llevar a cabo un buen aprendizaje se requiere tener una buena concentración y ésta siempre suele ir de la mano con el silencio, o por lo menos eso se cree.

Sin embargo, a partir de mi experiencia como una estudiante que ha tenido diferentes tipos de profesores, he de decir que las clases en las que más silecio había no siempre fueron en las que más aprendí. Hemos de tener cuidado, pues el silencio es un arma de doble filo. Igual que puede ayudar en la concentración también puede hacer que, cuando no somos capaces de captar la ateción de los demás, consigamos que estos se aburran hasta el punto de convertirnos nosotros mismos en un buen somnífero.

Además, hay que tener en cuenta que, una gran parte del aprendizaje que se realiza en las aulas se consigue gracias al trabajo colaborativo tanto del profesor con los alumnos como del que tengan los propios alumnos entre ellos y en este caso no es el silencio el que tiene cabida sino el diálogo.

Referente a este tema he encontrado la siguiente anecdota vivida por un profesor.

El silencio en el aula

Aun así, todo esto no quiere decir que no haya momentos determinados en los que sea neceserio el silencio. ¿Qué deberíamos hacer en este caso? ¿Cómo conseguir silencio?

Mientras pensaba en distintas formas para conseguir silencio me he acordado de una famosa rimita que se usaba mucho entre los niños cuando yo era pequeña y que decía así: “Silencio en la sala que el burro va a hablar. El primero que hable burro será”. ¿Quién se animaba a que lo tachasen de burro o burra? ¡Qué tiempo aquellos!

También le he preguntado a mi madre que qué haría ella para conseguir silencio en una clase y me ha dicho que no sabía. Dice que ella sabe cómo conseguir silencio en mi casa cuando estamos mucha gente en el salón con la tele puesta y hablando todos a gritos. “Cómo” le he preguntado. Su respuesta ha sido que apagando la tele. Y es cierto. He recordado un par de veces en que mi madre ha hecho eso y sí funciona. La gente se quedaba “fuera de juego” porque no entendían por qué habían apagado la tele.

Esto ha hecho que me acuerde de los profesores que, de pronto, se quedan callados o que salen de clase sin razón aparente. Esto crea un momento de confusión en los alumnos que guardan silencio intentando averiguar qué es lo que pasa. Y, por lo menos, de los métodos que yo he vivido en primera persona este siempre ha resultado ser el más efectivo, a diferencia de los castigos, o el mandar ejercicios y trabajos sin parar para mantener a los niños callados y ocupados.

De todas formas, buscando información sobre el tema he encontrado dos juegos que se pueden usar en primaria y que, en principio, paracen bastante buenos.

Juego 1: El REY DEL SILENCIO

Recursos: corona de cartón adornada con diferentes detalles como brillantina, etc.

Desarrollo: El docente escoje a uno de los alumnos que se encuentre en silencio. El alumno que fue elegido se pone la corona de cartón y se queda a cargo del juego, haciendo lo mismo, seleccionando a uno de sus compañeros que esté cumpliendo con la consigna de hacer silencio. Y así se repite lo mismo con otros alumnos que se van pasando la corona a medida que son elegidos. Casi sieme este juego se realiza después del recreo que es cuando los niños vienen más exaltados o cinco minutos antes de la hora de la salida. El niño que haya quedado a lo último (cuando el docente avisa que se acabó el tiempo) es el Rey del silencio final y se puede llevar la corona para la casa, así comparte esta experiencia con su familia. Al día siguiente debe de traerla para seguir jugando.

Juego 2: BATIENDO LAS PALMAS

Recursos: solo el humano.

Desarrollo: El docente piensa en diferentes ritmos y velocidades para batir las palmas. Muestra la primera secuencia de palmas y los niños deben de estar atentos para repetir lo mismo con sus manos. Así el docentes les presenta varias secuencias de golpes de palmas para que ellos repitan hasta que se llega a un silencio final.


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